
- ¿Sabes por qué estás aquí? - Muerte miraba fijamente al capitán Ahab, mientras éste, empapado, intentaba encogerse cada vez más creyendo que así quizás podría terminar desapareciendo de ese rincón oscuro en el que ahora se encontraba sentado. Tal como si pudiera seguir el camino contrario que siguió el universo tras el "gran estallido".
- Me he muerto...tampoco importa tanto.
- No capitán, no te he preguntado por tu estado, ese es más que evidente.Te he preguntado el por qué de tu estado.
- Es culpa de Moby Dick,¡Ese maldito demonio blanco!
-Te creía más inteligente, mi querido Ahab. Creía que al menos te habías percatado de quién es Moby Dick, y con un poco de suerte, también de la causa de tu muerte...parece que tendré que dedicarte más tiempo del que pensé al principio...y que hayas tenido a tantos hombres bajo tu control...
Ahab se negaba a levantarse de su rincón aunque ya no escondía su rostro entre las rodillas. No sabía si tomar en serio a Muerte, ¿iría a desvelarle algún secreto o tan sólo quería castigarlo volviéndoles loco? ¡Qué chorradas decía, ya estaba loco! Se había dado cuenta de eso poco tiempo antes de morir, cuando ya era tarde.
- ¿De qué color es tu ballena, capitán?
- ¡Blanca! Tan blanca como una cicatriz que lleva tanto tiempo sobre tu piel que ya no recuerdas cómo es tu piel bajo ella.
- ¿ Y no resulta que el blanco no es más que la suma de todos los colores, de todos? Moby Dick es eso, Ahab, la suma de todo, Moby Dick es todo el conocimiento, toda la sabiduría. Ella está ahí para que cada hombre tome un trozo.Unos más, otros menos, dependiendo de lo que su mente pueda soportar. Ese fue tu error Ahab, te creíste un Dios; no te conformaste con una parte, lo quisiste todo, todo el conocimiento, eso fue lo que te mató; tú capitán, tú te mataste.Fue un suicidio.
Ahab sollozaba.
- Tuve mala suerte.
- Sí, naciste Ahab, naciste con todas las facilidades.
- ¡Ojalá hubiera nacido Ismael!
- Se te fue de las manos. Vámonos se hace tarde.